lunes, diciembre 18, 2006

Unos tanto, y otros tan poco...

Como diría mi abuela María...
O el consabido "dios le da pan al que no tiene dientes"...

En noviembre de 2006 mi abuela María conoció un mundo del que estaba alejada hacía un tiempo: el de los sonidos. Mi abuela María accedió a ponerse un audífono, y desde entonces, es un ser más contento.

En noviembre de 2006 quien aquí suscribe conoció un mundo del que estaba alejada hacía un
tiempo: el del silencio. Quien aquí suscribe accedió a comprarse tapones de silicona para los oídos, y desde entonces, es un ser más contento.

(fakin, fakin, fakin obras en construcción, fakin taladros, fakin cortadoras de madera)
(no es neurosis, es trágico: una obra atrás de mi casa, y la otra enfrente, y los ruidos desde las 7 de la mañana hasta las 6 de la tarde... maldita soja)

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2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Quien seguramente no estuvo del todo contenta fue "aquella", la que un buen día entró al cuarto y llamó... y llamó... y gritó... hasta casi quedarse sin aire, la que volvió sobre los pasos andados y se preguntó en que lugar estaría, qué tan sumergida estaría, esa cabeza soñante que no contestaba. Pobre llamadora-llamadora, no se percató de esos dos taponcitos, asomados, mirándola, saludando a la distancia con sus manitos de silicona, riéndose de la que nunca fue ni será escuchada. La pobre llamadora.

18 de diciembre de 2006 a las 2:58 p. m.  
Blogger julika said...

jiji... se cansó de llamar ese día...
pero es ke son tan útiles!!! sino, arranco mal barajada el día.

besitos a ti

18 de diciembre de 2006 a las 3:03 p. m.  

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