Unos tanto, y otros tan poco...
Como diría mi abuela María...
O el consabido "dios le da pan al que no tiene dientes"...
En noviembre de 2006 mi abuela María conoció un mundo del que estaba alejada hacía un tiempo: el de los sonidos. Mi abuela María accedió a ponerse un audífono, y desde entonces, es un ser más contento.
En noviembre de 2006 quien aquí suscribe conoció un mundo del que estaba alejada hacía un
tiempo: el del silencio. Quien aquí suscribe accedió a comprarse tapones de silicona para los oídos, y desde entonces, es un ser más contento.
(fakin, fakin, fakin obras en construcción, fakin taladros, fakin cortadoras de madera)
(no es neurosis, es trágico: una obra atrás de mi casa, y la otra enfrente, y los ruidos desde las 7 de la mañana hasta las 6 de la tarde... maldita soja)
Etiquetas: Me río de la Plata

2 Comments:
Quien seguramente no estuvo del todo contenta fue "aquella", la que un buen día entró al cuarto y llamó... y llamó... y gritó... hasta casi quedarse sin aire, la que volvió sobre los pasos andados y se preguntó en que lugar estaría, qué tan sumergida estaría, esa cabeza soñante que no contestaba. Pobre llamadora-llamadora, no se percató de esos dos taponcitos, asomados, mirándola, saludando a la distancia con sus manitos de silicona, riéndose de la que nunca fue ni será escuchada. La pobre llamadora.
jiji... se cansó de llamar ese día...
pero es ke son tan útiles!!! sino, arranco mal barajada el día.
besitos a ti
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